domingo, 2 de febrero de 2020

Fronteras invisibles


En la llanura de los cuerpos ensombrecidos
dos destellos opacos amanecen
en un rostro de intenciones reveladas.
Sentencia al deshabitado vestido, en el que flores y maleza crecen
a cumplir la función de reliquia abandonada.
Afuera se mezclan los sonidos sordos de la calle.
Adentro el agua ruge y el cielo arde.
Afuera los vestidos limpios de maleza y los cuerpos no se tocan.
Adentro el hambre afila los dientes y la boca en agua se deshace.
Adentro tu mirada que invoca
la conclusión de la tarde.


En la oscuridad, donde todo se reinventa
tu mapa lo defino con el tacto.
Palpo geografía en el vacío.
Invento tu cuerpo con mis manos
mientras tú le das forma al mío.
En mi tierra fértil crece todo lo que plantas,
en tu piel crecieron las flores que sembré con mis besos.
Dos flores se enfrentan a una tormenta de cabellos.
Me clavan sus espinas y quedo complacido
Pétalos desprendidos, afiladas dagas
Desgarran el aire que acaricia el terreno
Se alza el viento que alimenta la tormenta,
bailan los aromas, su mezcla es lenta
Se inunda el cuarto, célula citadina
con el olor de tu tierra húmeda.


Un silencio entre tormentas.
Los cuerpos agotados aprietan a la almohada sus oídos.
Se escucha el latido del corazón de piedra de la ciudad cansada
Ahogado por los edificios.
Una evidencia misteriosa del día herido
y de los cuerpos que retozan en su llaga.


En este mundo negro,
bosque sin lugar exacto.
El color de la mañana
se lo otorgo a tu canto.
Una cascada entre mis dedos,
los gemidos color durazno.
Me guía la voz entre tus montañas
como un golpe de flores abigarradas
Chocando en un terreno inexplorado
de mi cuerpo ya sin orillas.
Regado en todas partes, los rostros desfigurados.
Regado en todas partes, ya soy ondas expandidas.
Regado en todas partes, a oscuras no es difícil encontrarnos.
Cualquier parte de mi tierra es el punto de partida de tu mano.


Navegando en las oscuras aguas del deseo.
En el agua es difícil definir fronteras.
El río crea líneas en la tierra
y desde mi tierra el agua del río bombeo.
Las orillas aradas por mi río.
Mis orillas se desdibujan con el canto.
Mis orillas que limitan con tus manos.
Tu cuerpo que es frontera del delirio.
Y las sombras que se burlan
de las líneas que trazan las caricias,
de los intentos en derrota
de agarrar el alma con las manos.
Pero la sombra se anega en la otra
cuando tu beso se funde con el mío.

Andrés Laverde

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